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viernes, 18 de julio de 2014

Para trabajo o placer, los caballos llaman la atención


En la Exposición Rural se pueden apreciar desde los tradicionales criollos hasta los Cuarto de Milla de EE.UU.

Por Mariano Wullich |
lanacion.com.ar

¿Para qué un Ferrari para andar en el barro o un Unimog para correr por una autopista? No es lo mismo un dóberman que un caniche, ni un galgo que un San Bernardo. Se entiende.

En las razas equinas las comparaciones no existen, aunque muchos criadores, por lógica pasión, defiendan a sus elegidos insistiendo en sus cualidades. ¡Qué manía!, pero todos destacan la mansedumbre de sus caballos: mentira, los hay más fáciles y más difíciles. Todos hablan de la versatilidad: ¿para qué cosa? Y lo de la fuerza, la docilidad, la salud y hasta la inteligencia. ¡Basta!

Vaya en estas líneas todo lo que es posible ver durante estos días en la Exposición Rural de Palermo de un país que sí se hizo a caballo. No se dude: de una Argentina campera y de excelencia en los deportes ecuestres.

Por eso el repaso y el comienzo con el criollo, la raza que se inició con los 72 yeguarizos que trajo don Pedro de Mendoza y que durante 400 años se hicieron a campo, más bien en el desierto, pasando del frío al calor, de la sequía a la inundación, de los depredadores a las enfermedades. Sin duda que es la raza de fierro, la incansable como lo demostraron Mancha y Gato en una travesía insuperable que se inició precisamente aquí en Palermo y terminó en Broadway.

Su rusticidad natural lo llevó a ser el caballo de trabajo por excelencia, con una variedad de pelajes únicos y que sirvieron para mucho más, incluso hasta para la más apasionante escuela de equitación.

Y si de rodeo hablamos, hace 30 años que llegaron al país los Cuarto de Milla norteamericanos, llamados así por ser ejemplares de gran violencia en la corrida de distancias cortas. Su fenotipo se divide en los de carrera (la meca es en Los Alamitos, Estados Unidos) y de trabajo y rodeo. Descendiente del Mustang y mestizado con razas que llevaron los europeos al Norte, el de trabajo es muy musculado, de linda cabeza, buena alzada y fortaleza.

En la Rural se van a ver pocos, pero cerca de allí, en el hipódromo, muchos. Es el gran Sangre Pura de Carrera (SPC), alto, elegante de unos 480 kilos. El que inventaron los ingleses y despertó pasiones. La Argentina cuenta con 8000 nacimientos por año del que más corre de verdad: es imbatible.

Verán otra raza, muy fina, de una cabeza espléndida, liviana y en el pasado muy resistente: lo llaman "el padre de todas las razas", aunque de alguna no lo sea. Pero está bien, es el elegante y refinado caballo Árabe, un gran animal de paseo y de pruebas de largo aliento.

El polo ha dado los mayores logros en el terreno deportivo mundial en donde la Argentina descuella. Hoy su origen de "petizo" mestizo fue quedando atrás y su estampa es la de un SPC chiquito, ya que todos tienen sangre de carrera, velocidad corta, agilidad única y una boca que como un volante lleva al jinete a donde quiere.

Con "chorros" de sangre SPC, están los voladores Silla Argentino (650 kilogramos), esos que están hechos para saltar y que consagraron a jinetes como Moratorio, D'Elía o Arrambide. Otros, los percherones, tractores del pasado de tiro pesado y que hoy en Francia se han convertido en una raza carnicera.

Los Hackney, de tiro liviano, las razas europeas de equitación y muchos más. No alcanzan las líneas. Eso sí, no los verán en la Exposición Rural, pero el único caballo que se mantiene en su origen natural es el caballo de la Mongolia. Igual, cada uno es cada cual e, insisto, las comparaciones no existen.

Caballo, Yegua. Equitación, Western, Toros Coleados, De Paso, Polo...

jueves, 17 de julio de 2014

Los criadores de caballos reclaman un concurso morfológico en la comarca


La propuesta surge de varios aficionados riosellanos quienes aseguran que cualquier concejo del Oriente podría acoger este certamen

Los criadores de ponis y caballos del concejo de Ribadesella han reclamado la organización de concursos morfológicos en la comarca del Oriente de Asturias. Estamos hablando de un grupo de aficionados al mundo ecuestre que compagina sus variadas vidas profesionales con la cría de este tipo de animales. Satisfechos con viajar de un lugar a otro para competir en los concursos que se organizan fuera de la comarca e incluso de la región ahora estarían interesados en que algún ayuntamiento del Oriente apostase por este tipo de eventos. «Podría organizarlo cualquier municipio, Cangas de Onís, Ribadesella, Llanes o Parres, porque en todos ellos hay mucha afición y muchas personas que como nosotros se dedican a criar caballos cruzados», explicó Pablo Fernández Pendás, propietario de una cuadra en la localidad riosellana de Abéu.

Este joven criador de caballos cuenta en la actualidad con 13 animales, de los que ocho son ponis. Tres de ellos fueron premiados en el Concurso Morfológico Ecuestre celebrado en Cangas del Narcea el pasado 21 de junio. Allí consiguió un segundo premio en Ponis Adultos con 'Trueno', un tercero en Ponis Jóvenes menores de 3 años con 'Pablín' y otro tercer puesto en Potras de 1 a 3 años con 'Tormenta'. Los trofeos no se quedaron aquí porque sus compañeros de viaje a Ecunarcea 2014 tampoco se vinieron de vacío. La expedición riosellana la completaban Miguel Cambiella y Miguel Angel Peláez. Este último presentaba a 'Candela', un pony hembra que se convirtió en la Campeona de campeones del certamen. En total sumó tres primeros premios. Cambiella tampoco lo hizo mal con un segundo premio en Potras de 1 a 3 años con 'Princesa' y otro tercer premio en Caballos Adultos de más de diez años con 'Ron'.

Los tres criadores, junto a Ramón Peón de Caravia, acudirán este fin de semana al concurso que se celebra en Tineo. Todos ellos están interesados en dar a conocer su afición a todo el Oriente de Asturias. «Es algo muy guapo porque te obliga a trabajar en casa con los animales para sacarles el aire natural que luego valoran los jueces», destacó Pablo Fernández. Para lograrlo necesitan del respaldo de algún ayuntamiento dispuesto a organizar un concurso morfológico del oriente de Asturias. Podría hacerse coincidir con las Carreras de Caballos 'Playa de Ribadesella' o con el Concurso Vacuno de la Playa. Tampoco descartan que se hagan coincidir con los encuentros y concentraciones ecuestres que anualmente se celebran en Piloña o Ribadedeva. «Cualquier opción es buena porque además, los ayuntamientos de Tineo y Cangas del Narcea están abiertos a informar y asesorar a quien lo pida sobre la dinámica de este tipo de concursos», añadió Fernández Pendás. Los cuatro están encantados con esos dos municipios del Occidente asturiano, donde «siempre nos tratan como reyes y nos ponen todas las facilidades». Seguirán acudiendo a sus certámenes sin olvidarse tampoco con la cita de Villablino (León) cada mes de septiembre.

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domingo, 6 de abril de 2014

Crianza de campeones



El amor por los caballos es algo que se lleva en la sangre. Se transmite de generación en generación. Sobre todo si el objetivo es verlos nacer y criarlos hasta que son adultos, con el afán que uno siempre sea mejor que el anterior

Por Mónica García Peralta

Desde su nacimiento, Fetiche, un caballo pura raza español, fue visto como un semental. En su “partida de nacimiento”, que es un extenso registro, consta que su padre es Federico X y su mamá, Campanilla XXXVI. Cuando nació, una comisión de España viajó a Nicaragua para reseñarlo. Anotaron sus marcas, la forma de su cabeza y hasta la cantidad de remolinos en su pelaje.

El registro también demuestra toda su descendencia, las características de sus cascos, tipo de sangre, entre otras particularidades. Para obtener estos datos, la comisión de españoles tomó una muestra de su sangre, la llevaron de regreso a la “Madre Patria”, y comprobaron mediante pruebas de ADN que efectivamente sus padres eran Federico y Campanilla, con sus respectivas numeraciones. Ahí le otorgaron la casta que su criador esperaba: Sin duda alguna Fetiche es legítimo pura raza española.

“Ni siquiera en mi árbol genealógico tengo reflejados tantos familiares”, bromea Ismael Reyes, dueño de Fetiche, refiriéndose a lo estricto que es tener un caballo de estos.

Este hombre de 70 años lleva casi la mitad de su vida esforzándose por conseguir en Nicaragua el caballo perfecto. En su Rancho Majaloba escoge meticulosamente las yeguas y sementales que debe cruzar. Quiere a sus animales como mascotas, “igual que cualquier perro o gato”, y se “escapa de morir con ellos” cuando, por una u otra razón, fallecen.

Al igual que Ismael Reyes, en el país hay unos 60 criadores de caballos pura raza española, que se encargan de la alimentación desde que el animal es un potrillo para que se desarrolle y dé las medidas que los españoles exigen que tenga. Además tienen gente peinándolos, bañándolos, vitaminándolos y, sobre todo, domándolos para dar espectáculos, y asegurarse que desarrollen la capacidad de moverse correctamente como lo hace un campeón.

El Cortijo El Rosario, por ejemplo, es otro sitio de estos, creado para reproducir los mejores. Es propiedad de la familia Coen, y uno de los más grandes centros de adiestramiento y cría de caballos pura raza, donde no solamente el afán por ganar predomina: aquí hay pasión y admiración por estos animales.

“Con el caballo uno crea una relación, las amistades que se forman alrededor de él son generalmente sinceras”, dice Piero P. Coen Ubilla, quien claramente se ha quedado maravillado con la lealtad de sus crías. “¿Cómo es posible que este animal tan poderoso, que me podría exterminar con solo decidirlo, haga caso a lo que estoy diciendo? ¿Cómo siendo tan poderoso puede ser tan noble”, agrega Coen.

Puros españoles, criados en Nicaragua

La crianza de los caballos, con motivos meramente competitivos, comenzó alrededor de los años de 1960, cuando según dice Ismael Reyes, juntó a otros amigos para traer desde España los primeros sementales y yeguas. “Lo que pasaba en ese tiempo es que solo se importaban caballos machos para montarlos en agosto (...) Pero hace 41 años alquilamos un avión completo y trajimos como 21 animales. Todos juntamos plata para pagar el avión. Así iniciamos la crianza en el país”, dice Reyes.

Los criadores viven para el caballo. En sus casas, oficinas y haciendas abundan figuras de estos animales. Hay medallas, placas, esculturas, fotos y pinturas. “Más que de la familia incluso”, entre risas expresa Octavio Lacayo, criador de caballos pura raza española y dueño de la Hacienda La Escondida, Diriamba.

A sus 60 años tiene el placer de poder dedicarse ciento por ciento a sus caballos. Ya se retiró de su trabajo y vigila a sus mascotas, como les llama, los 365 días del año. Según cuenta este señor, tuvo la dicha de nacer rodeado de equinos, pues su papá también los criaba. En su niñez disfrutó del campo, aprendió a amar la tierra y estableció una estrecha relación con estos animales.

El más importante de sus ejemplares es uno que obtuvo el rango de campeón cuatro veces. Se llamaba Escudero. “Él fue el mejor en cuanto a premiaciones. Estábamos comenzando con él, de muy joven. Era un ejemplar blanco y erguido. Muy bello. Lamentablemente murió, le dio un cólico. No pudimos salvarlo, aunque estuvimos 48 horas con el veterinario. Nos queda la satisfacción que impuso su propio récord en ese momento”, dice Lacayo.

En la hacienda de Lacayo también hay dos yeguas campeonas. Esparta y Esbelta. Y no solo han ganado premios a nivel nacional, sino que han sido campeonas centroamericanas. La clave ha sido la doma. Todo un proceso que puede durar de 2 a 3 años, para que el animal aprenda a reconocer a su amo, y a obedecer las direcciones que le da. Al final de este tiempo el caballo debe ser capaz de caminar erguido y hacer con estilo pasos como trote, galope y piafé, que son algunos de los parámetros que se evalúan en las competencias.

Avance genético: razas mejoradas

La crianza es todo un arte. Desde que el potro sale de la madre, comienzan los cuidados. Sin embargo más allá de lo que requiere el cuido, los criadores también han desarrollado técnicas, con los mejores veterinarios y personal especializado para tener centros de mejoramiento genético que no dejan nada al azar ni oportunidad de error, con el fin de producir los mejores caballos.

Muestra de esto es el centro de mejoramiento genético de Cortijo El Rosario. El centro fue creado en 2011 y el objetivo es utilizar la última tecnología para obtener semen de ejemplares de alta calidad genética. Cada eyaculación de un semental proporciona entre 50 y 150 cc de semen, cantidad que por inseminación artificial sería suficiente para preñar hasta 20 yeguas, mientras que a través de la monta natural con suerte serviría para preñar a una.

La cantidad extraída también puede ser congelada y esperar la ovulación de la yegua de alta calidad para ser inseminada artificialmente. Luego, pueden incluso trasplantarse los embriones a una yegua de menor calidad genética para la gestación, una especie de vientre de alquiler; mientras la yegua de alta calidad vuelve a estar lista para una nueva inseminación en un tiempo más corto. “El camino rápido para la mejora genética es a base de tecnología de punta, eso significa inseminación y trasplante de embriones porque un semental no va a tener capacidad para servir (fecundar) tantas yeguas, entonces tenemos que optimizar el recurso del semental y el de la yegua”, dice Daniel Arauz, gerente general de Cortijo El Rosario.

De este cortijo, brilla el nombre de Rondeño IX, traído al país en 2009, dos veces campeón del Sicab (Salón Internacional de Caballos), “que es como el Miss Universo para caballos”, describe Piero P. Coen. Aunque Rondeño IX murió a los nueve meses víctima de una enfermedad fulminante, logró heredar su casta: 22 potros que corretean por El Rosario.

Ese es el sentido que da Coen a la existencia de su Cortijo, donde define a sus especímenes, como un producto aspiracional, para quienes se mueven en el mundo de los caballos, pues además de escuela dan calidad a los caballos que crían. “Aquí se encuentra una genética igual o mejor que la de España, todos son hijos de campeones, y el ganadero se ahorra el costo del transporte”, explica Coen, refiriéndose a la infraestructura, los movimientos, la escuela, los jinetes, que ha podido desarrollar su complejo.

Mercado escaso

Los caballistas, sin embargo, no viven de la venta de caballo, más bien viven para pagar sus gastos. En las ferias que participan no ganan premios monetarios. Los gastos muy pocas veces se cubren con la venta de potrillos, yeguas o caballos adultos. Entonces ¿qué los motiva?

Simple: ser los mejores criadores, expositores y presentadores de caballos. Esto lo logran en las ferias, que son una especie de termómetro que les sirve para medir su rendimiento como criadores. En Nicaragua se realizan dos ferias en el año, donde se reúnen los criadores y otros que solo los compran para mostrar los movimientos del caballo, lo que han aprendido con ellos y la excelente condición en que los tienen, con alimento y cuidados.

La crianza de caballos, definitivamente es toda una industria en el país. Sin embargo de acuerdo con caballistas como Reyes, Coen y Lacayo, son más los gastos que las ganancias para cada uno. “Nosotros vendemos caballos porque no nos podemos quedar con todos ellos. No precisamente para ganar dinero, porque nadie vive de vender caballos, es mentira, sino que tratamos que la venta de algunos pague el gasto de ellos mismos. A veces lo logramos”, asegura Octavio Lacayo.

Se mueve mucho dinero alrededor de este pasatiempo. La compra de un semental para comenzar la cría puede andar entre 10 y 15 mil dólares, nacidos en Nicaragua, pero hay ejemplares traídos de las mejores yeguadas de España que pueden costar más de cien mil dólares. Su alimentación, cuidados, pago del herrero, veterinario, jinetes, de quien lo peina y lo baña para que siempre esté reluciente, puede sumar unos 200 o 300 dólares al mes.

Solo el gasto de registro, para que un español llegue a reseñar el caballo, son 300 dólares más, sin contar con los 5 mil o 6 mil dólares que se deben desembolsar para que el miembro de la comisión española se mueva por todo el país reseñando. Si esto se multiplica por la cantidad de caballos en una hacienda, el resultado es mucha plata invertida, versus pocas utilidades recuperadas.

“El caballo no se vende como se venden frijoles. Ahorita, por ejemplo, no estoy cubriendo (fecundando) yeguas. No hay mercado grande, no existe ganancia, el único fin es competir. Es cierto, eso me cuesta un montón de plata, pero cuando me dan la tablita, me siento el rey de todo el mundo. Igual otros que se la ganan”, menciona Ismael Reyes.

Pero lo más importante, para los criadores, según explica Lacayo, es esa relación que se crea con el animal. “Ellos han sido mis grandes profesores. Me han enseñado a tener paciencia. Te ayudan a ser disciplinado. Además que te devuelven ese contacto con el campo que hoy muchos han perdido. Y si esto fuera poco, crean unidad en la familia que disfruta de su compañía. Yo definitivamente creo que es el caballo, no el perro, el mejor amigo del hombre”, dice este criador, quien opina que entonces la inversión para tener los 32, entre potros, yeguas y caballos que cría en su hacienda, vale la pena, aunque esto también implique verlos morir, entristecerse como cuando se pierde un amigo y ver cómo se desvanece la inversión, que nunca se olvida y mucho menos se recupera.

COMPETENCIAS

El reglamento de los premios amplio. Es una especie concurso de belleza de los caballos.

Para que un caballo o yegua sea campeón o campeona debe cumplir una serie de parámetros.

Estos parámetros dividen las secciones que conforman al animal y le dan una puntuación específica.

Comparan la cabeza, y demás partes del cuerpo, contra el estándar racial para otorgarle los puntos.

Los premios no son monetarios, algunos dan medallas, otros placas, esculturas de plata o cerámica, que se registran como currículum del criador o la finca.

También valoran cómo trotan, el porte, cómo galopan, cómo caminan, el paso del animal.

Después lo montan, esa es la prueba de funcionalidad.

En cada feria se le da un puntaje y según lo que gane queda en su registro como mejorante de la raza.

ORGANIZACIÓN

Existen caballos pura raza española esparcidos por todo el mundo, aún cuando estos no nacen en suelo español, son aproximadamente 170,000 ejemplares, que se crían en más de 60 países, según la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE), de España. En Nicaragua, la Asociación Nicaragüense de Criadores de Caballos Pura Raza Española (ANCPRE) tiene registrados al menos 3,000 ejemplares nacidos en el país y reconocidos por España. El primer caballo pura raza española fue traído a Nicaragua en 1959, según Roberto Sánchez, historiador. Este caballo, el pura raza, era el preferido por los caballistas, pues ha sido considerado en la historia como “caballo de reyes”: un animal noble, fácil para desarrollar habilidades de alta escuela, dar espectáculos y de gran belleza física.

UN PURA RAZA:

Tiene una apariencia distinguida. Normalmente nace en los colores blanco y gris claro, y de vez en cuando bayo. La crin (pelo sobre el cuello) y la cola es abundante, larga y ondulada. Tiene una cara plana, a veces convexa, orejas pequeñas, y un espectacular cuello. Su pecho es macizo. Es conocido por su habilidad de aprender y su temperamento extraordinario.

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